Cómo planificar una pretemporada de fútbol paso a paso
La pretemporada es el período en el que un equipo construye la base física, técnica, táctica y mental que le servirá durante todo el año competitivo. Un buen trabajo en estas semanas no garantiza resultados, pero un mal trabajo casi siempre se paga después en forma de lesiones, irregularidad y jugadores que llegan justos a los partidos importantes. Esta guía explica cómo ordenar el proceso para que cada semana tenga un propósito claro.
Primero define el objetivo, no los ejercicios
El error más común es empezar por la lista de ejercicios. El punto de partida correcto son las preguntas: ¿cuándo empieza la competencia?, ¿cuántas semanas hay disponibles?, ¿con qué plantel se cuenta?, ¿qué modelo de juego se quiere implementar? Con esas respuestas se fijan objetivos medibles: por ejemplo, que el equipo llegue al primer partido oficial con una resistencia aeróbica adecuada, con automatismos defensivos básicos y con un plantel sin lesiones evitables.
Es útil separar los objetivos en cuatro áreas:
- Físico: recuperar o mejorar la condición general y específica de cada jugador.
- Técnico: consolidar el control, el pase, la conducción y la definición bajo presión.
- Táctico: instalar la idea de juego, las salidas, las presiones y los movimientos sin balón.
- Mental y grupal: integrar a los jugadores nuevos, generar confianza y establecer normas de convivencia.
Evalúa el punto de partida
Antes de cargar a los jugadores conviene saber en qué estado llegan. Una evaluación inicial no necesita equipos sofisticados. Puede incluir una revisión médica básica, antecedentes de lesiones, medidas de peso y talla, y pruebas de campo simples como un test de carrera continua, saltos y velocidad en distancias cortas. Lo importante es repetir las mismas pruebas más adelante para comparar. Sin una línea base no hay forma honesta de saber si el plan funcionó.
También es el momento de conversar con cada jugador. Quien estuvo lesionado, quien viene de vacaciones largas y quien jugó hasta hace pocos días no pueden recibir exactamente la misma carga el primer día.
Divide la pretemporada en fases
Una estructura habitual, que puedes ajustar a tu realidad, es la siguiente:
- Fase de adaptación (aproximadamente una a dos semanas). Volumen moderado, intensidad baja a media. Se trabaja la resistencia general, la movilidad, la fuerza básica con el propio peso corporal y el contacto progresivo con el balón. Es la fase donde más cuidado hay que tener con los tendones y los músculos, que todavía no están acostumbrados al esfuerzo.
- Fase de desarrollo (aproximadamente dos a tres semanas). Se aumenta la carga y aparecen trabajos más específicos: juegos reducidos, series de velocidad, fuerza con sobrecarga y primeras sesiones tácticas. Los partidos de práctica internos ayudan a evaluar al grupo.
- Fase de afinación (aproximadamente una a dos semanas). El volumen baja y la intensidad se acerca a la de competencia. Se ensayan las pelotas paradas, se pulen las funciones y se juegan amistosos con ritmo real.
Las duraciones dependen del calendario. Si tu equipo tiene solo tres semanas, conserva el orden de las fases pero comprime cada una. Lo que no se debe hacer es saltarse la adaptación.
Cómo repartir la carga durante la semana
Dentro de cada microciclo, alterna días exigentes con días de recuperación. Un patrón sencillo consiste en colocar la sesión más dura de fuerza o resistencia a mitad de semana, seguida de una sesión técnica de menor impacto físico. Evita acumular tres o cuatro días seguidos de alta intensidad, sobre todo en las primeras semanas.
La carga se controla con tres variables: volumen (cuánto se hace), intensidad (con qué esfuerzo) y densidad (con cuánta pausa). Cuando subas una, conviene mantener estables las otras. Un recurso muy accesible es preguntar al final de cada sesión cómo se sintió cada jugador en una escala del uno al diez. Esa percepción subjetiva, comparada con lo que planificaste, te avisa a tiempo de un exceso de carga.
Integra balón desde el primer día
Aunque el foco inicial sea físico, el trabajo con balón no debe esperar. Los juegos reducidos, las rondas de posesión y los circuitos técnicos permiten desarrollar condición física y, al mismo tiempo, mantener el contacto con el juego. Además, el jugador percibe el esfuerzo como algo más natural cuando lo realiza persiguiendo un objetivo de fútbol y no solo corriendo vueltas a la cancha.
Usa los partidos amistosos con criterio
Los amistosos no son solo un trámite. Sirven para probar variantes tácticas, medir el rendimiento y dar minutos a todos. Programa los primeros en formatos cortos o con rotaciones amplias, y reserva los partidos de noventa minutos para la fase final. Anota qué funcionó y qué no; esa información alimenta los ajustes de la semana siguiente.
Cuida la recuperación y la alimentación
El descanso es parte del entrenamiento. Recomienda dormir lo suficiente, hidratarse bien y mantener una alimentación ordenada. Si cuentas con apoyo de un nutricionista o de un fisioterapeuta, la pretemporada es el mejor momento para involucrarlos, porque es cuando el cuerpo está más expuesto a sobrecargas.
Errores frecuentes que conviene evitar
- Empezar con cargas altas por la ansiedad de «ponerse a punto» rápido.
- Copiar el plan de otro club sin considerar la edad, el nivel y el calendario propios.
- Ignorar las molestias menores que, con el tiempo, se convierten en lesiones.
- No evaluar nunca el progreso ni registrar lo que se hace.
- Dejar lo táctico para el final y llegar al primer partido sin automatismos.
Un cierre práctico
Una pretemporada bien planificada se reconoce porque cada semana responde a la anterior, porque los jugadores entienden el sentido de lo que hacen y porque el cuerpo técnico puede explicar con datos sencillos por qué tomó cada decisión. Si quieres profundizar en estas herramientas, el curso de Planificación de Pretemporadas de ECAP Perú desarrolla el proceso completo con ejemplos prácticos y casos reales de la mano de entrenadores con experiencia en el fútbol profesional.
